En el marco de la tercera fecha del Torneo Clausura, el equipo de Jorge Sampaoli cortó una racha negativa de cuatro derrotas consecutivas. Con goles de Rick (2), Depietri y Cristaldo, la “T” volvió a sonreír y respira en la tabla.
No hay mal que dure cien años, reza el dicho popular, y para Talleres de Córdoba la espera terminó de la manera más espectacular posible. Tras un inicio de semestre turbulento y una sequía de victorias que se remontaba al mes de abril, el conjunto dirigido por Jorge Sampaoli consiguió un triunfo vital que le permite trabajar con alivio durante la semana. El Estadio Ciudad de Vicente López fue el escenario de una resurrección futbolística que el hincha albiazul necesitaba con urgencia.
Un inicio con dudas y tensión El camino hacia la goleada no fue sencillo. Talleres llegaba golpeado tras una serie de cuatro derrotas al hilo y el recuerdo amargo de la despedida bajo insultos en el Mario Alberto Kempes tras caer ante Vélez. Sampaoli, fiel a su estilo inquieto, vivió el partido pegado a la línea de cal, gesticulando y dando indicaciones constantes a un equipo que en los primeros 30 minutos no lograba hacer pie.
El esquema táctico planteado, con una línea de tres defensores y un mediocampo poblado, presentó dificultades iniciales. Ni Federico Fattori ni Matías Galarza lograban imponer condiciones, y las imprecisiones dominaban la escena. De hecho, Platense tuvo la oportunidad de abrir el marcador a través de Franco Zapiola, pero la falta de puntería del local y un error inesperado cambiarían el destino del encuentro.
El error que cambió la historia A los 37 minutos de la primera parte, un error garrafal del arquero del “Calamar”, Juan Pablo Cozzani, fue capitalizado por Rick, quien no perdonó y puso el 1-0. Ese gol actuó como un bálsamo para los cordobeses y como un mazo para Platense, que a partir de ese momento perdió la brújula del partido.
El factor Sampaoli en el complemento En el segundo tiempo se vio la mejor versión de Talleres, una que reflejó la intensidad de su entrenador. Sampaoli movió el banco en el momento justo: sacó a un opaco Ronaldo Martínez para darle ingreso a Valentín Depietri. La apuesta dio frutos casi de inmediato cuando Depietri, definiendo con sutileza por encima del arquero, marcó el segundo tanto y liquidó la resistencia psicológica del rival.
Lo que siguió fue una ráfaga de fútbol y eficacia. Rick, la gran figura de la noche, amplió la cuenta con un potente remate de media distancia, y Franco Cristaldo cerró la cuenta para el 4-0 definitivo. La imagen final de Sampaoli celebrando con su “acelere característico” resume una noche en la que Talleres no solo ganó tres puntos, sino que recuperó la memoria y la confianza perdida.



