El aniversario del inicio de la última dictadura en Argentina vuelve a poner en el centro el debate sobre derechos humanos, memoria colectiva y democracia.
Este 24 de marzo se cumplen 50 años del golpe de Estado que dio inicio a la última dictadura militar en Argentina, un período que marcó de manera profunda la historia política, social e institucional del país.
El 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón e instauraron el denominado Proceso de Reorganización Nacional. Durante ese régimen, que se extendió hasta 1983, se implementó un plan sistemático de represión ilegal, que incluyó secuestros, centros clandestinos de detención, torturas y desapariciones forzadas.
Organismos de derechos humanos estiman en 30.000 las personas desaparecidas durante esos años, aunque el número continúa siendo objeto de debate. Lo cierto es que el impacto social fue profundo y dejó una marca que aún atraviesa a distintas generaciones.
Tras el retorno de la democracia en 1983, con la asunción de Raúl Alfonsín, el país inició un proceso de juzgamiento a los responsables, que tuvo hitos como el Juicio a las Juntas. Con el paso de los años, y tras períodos de impunidad, las causas por delitos de lesa humanidad fueron reabiertas, consolidando una política de Estado en materia de memoria, verdad y justicia.
Cada 24 de marzo, declarado como el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, se realizan movilizaciones, actos y actividades en todo el país. La fecha no solo recuerda a las víctimas del terrorismo de Estado, sino que también busca reafirmar el compromiso democrático y la defensa de los derechos humanos.
A medio siglo del golpe, la memoria sigue siendo un eje central en la construcción de la identidad colectiva argentina, en un contexto donde el pasado continúa interpelando al presente.



